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LA POLÍTICA DE CALIDAD EN EDUCACIÓN SUPERIOR.Parte II: La educación es un bien social legado de la humanidad Alejandro Solís.
El taller sobre calidad realizado en Puebla fue relevante en todo el país por haber sido el primero y único realizado a iniciativa de la SEP e Instituciones de Educación Superior Particulares locales (IES-P). Pero el trabajo no continúo por una razón sencilla de entender: las autoridades educativas del régimen obcecados por una visión simplista de la educación superior sin rumbo, limitada a la oferta de educación tecnológica, sencillamente no entendieron el valor estratégico táctico de la política estatal de evaluación y acreditación, dándole cobertura a la versión de calidad empresarial del ISO 9001-2000, así como a la promoción de sus conceptos negativos para la calidad de la educación, como son tratarla como si fuera resultado de un proceso de manufactura o producción industrial en serie. Así, asistimos durante los años 1999 a 2004 a la intensiva promoción en el ámbito universitario de conceptos erróneos como llamarle al alumno cliente, al alumno que aprobó las materias y a sus padres felices por haberlo hecho clientes satisfechos. Fuimos testigos de cómo las instituciones educativas que ingresaron a la certificación ISO se llenaban de manuales para todo donde, su error estriba en ser elaborados, autorizados y ejecutados con los criterios limitados que exige la producción industrial de mercancías para evitar errores e incrementar la productividad. Marginson[1] enfila una demoledora crítica contra este enfoque educativo cerrado derivado de la psicología industrial conductista, a la que bien califica de receta “para producir animales que puedan hacer las cosas”. Como es fama pública, durante el sexenio pasado en nuestro Estado, las políticas de calidad, administración eficiente y equidad con cobertura no fueron planeadas acertadamente, tal vez por haber designado en el cargo a funcionarios no aptos; indicadores de ello son, entre otras acciones, el hecho de haber tenido como Secretarios de Educación a dos magníficos abogados (Camarillo y Nacer), la remoción de cuadros de dirección media que implican tres cambios –estos dos y el anterior-, así como la sesgada dirección estratégica y erráticas tácticas de evaluación y acreditación del servicio educativo. No es la intención en esta serie de artículos sobre el tema de acreditación, analizar los pro y contra de dicho sexenio pues de ello se encargó ya el Congreso del Estado y, por el lado de la sociedad, pues que la historia los juzgue; acaso el interés es utilizar al ejemplo más cercano para comprender por qué nuestro Estado y País llegan tardíamente a la política de calidad, por lo menos para no repetir errores y asegurar aciertos. Es evidente que el responsable de educación superior de entonces no tenía visión estratégica, ni creatividad para planear programas unitarios que le permitieran lograr las reiteradas políticas nacionales y estatales para el desarrollo (administración eficiente, calidad y equidad con cobertura). Corto de miras, las tácticas tenían que ser torcidas, aunque no necesariamente “por mala leche”, de allí que sesgara sus decisiones directivas para privilegiar una de las líneas educativas, la tecnológica; y en consecuencia, a uno de los enfoques de la evaluación, la comercial del ISO. La idea de certificación cerrada de procesos dinámicos complejos educativos fue amplia y certeramente criticada por sectores de la comunidad escolar identificados con el enfoque de que la educación -como legado humano que condensa y propicia el desarrollo cultural de los pueblos-, es un bien público al servicio de la colectividad. Esta es la postura manejada por la Red de Macro Universidades Públicas de América Latina y el Caribe, por la UNAM y por la IESALC-UNESCO para detener la tendencia de mercantilización de la educación impulsada por organismos financieros internacionales, así como por acuerdos de comercialización multilaterales y regionales que, de consolidarse, afectarían la esencia misma de la educación superior. Transcribamos dicha declaración, a la que se suman cada día más instituciones internacionales. (Continuará: La visión comercial).
[1] La Jornada, 16 de Agosto de 2005. |
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