LA POLÍTICA DE CALIDAD EN EDUCACIÓN SUPERIOR.

Parte V: La visión integrada de la educación.

Alejandro Solís

Tal vez pedirles a los mercaderes de la educación que lean la declaración de los rectores sobre la educación como bien público, resulte una tarea complicada para comprender entender lo siguiente: si impartir un plan de estudios no es tan sencillo como hacer tortillas, mucho más complejo es ofrecer a la sociedad un programa académico sustentado en un modelo educativo para aprender y desarrollar las profesiones humanísticas, artísticas, científicas sociales, naturales, históricas, tecnológicas, comerciales y de servicios. Para ello existen teorías y escuelas como el diseño curricular. 

El diseño curricular. Esta es una metodología para integrar planes y programas de estudio, originada en la producción industrial exigente de mano de obra regularizada en sus capacidades físicas y mentales para ocupar un puesto en la cadena social y técnica de la producción moderna. Esta teoría supera la vieja concepción del plan de estudios heredado de la escuela napoleónica que se contentaba con dividir los conocimientos a transmitir en una serie de asignaturas, las más de las veces aisladas entre sí. Pues muy bien, hacia los años de 1970/80 la teoría del diseño curricular se ha desarrollado tanto que, con evidencias empíricas bastantes, demuestra la existencia de 3 escuelas curriculares clave: por asignaturas, por áreas del conocimiento (por ejemplo, el  “área de ciencias naturales”) y la modular por objetos de transformación. Además, teóricos importantes del currículo, como César Coll, Jurjo Santomé, Laurent Stenhouse, Ángel Díaz, entre otros, coinciden en señalar que todo currículo directa o indirectamente, de manera abierta u “oculta”, obedece a intenciones filosóficas, sociológicas, psicológicas, económicas, ideológicas y políticas relacionadas a otras variables clave, como son  el ejercicio del poder, el tipo de sociedad a que se aspira, el modelo de ser humano que se promueve, el tipo de pensamiento –mágico o científico- a propagar, el carácter subordinado o autónomo del sujeto, las aspiraciones de clase social o colocación en la división del trabajo, el carácter moral o ético de los valores cultivados, etc. Tantos elementos implicados en la educación que brillan por su ausencia en más del noventa por ciento de los planes de estudio existentes. Lo cual obvia de parte de los oferentes otro atraso: en el soporte curricular de sus propuestas formativas, argumentadas con fundamentos teóricos que sustenten al plan de estudios, los contenidos temáticos de los programas de estudio y las  formas de evaluación interna y externa del mismo.

En la última década del siglo pasado la teoría del diseño curricular es superada por la categoría de “programa académico”. Promovida por teóricos de la educación, por universidades, así como por organismos evaluadores y acreditadotes, además de las propias funciones e indicadores de la metodología del diseño curricular incluyente otras importantes para la planeación de las condiciones organizativas que permiten la realización del proceso de enseñanza aprendizaje, como resultado de una cultura de calidad orientada por las finalidades sociales del plan de estudios.

En un artículo presentado en el Taller de Información sobre Calidad impartido en el 2002, decíamos que por costumbre cuando nos referimos al “programa académico” lo hacemos con una idea más bien limitada que multifactorial del término: asociando el concepto a plan de estudios, “mapa curricular”, syllabus o programa de estudios. Programa por hábito generalizado, es una palabra utilizada para ordenar acciones en el aula que se siguen de manera lineal a fin de alcanzar objetivos predichos. Desde el enfoque más tradicional y limitado, los términos anteriores reducen el tema conceptual y prácticamente al ámbito de competencia de los profesores. Este error es expresión de al menos dos imposturas: a) los administradores de las IES (instituciones educativas) resguardan egoístamente su responsabilidad sobre los resultados de la enseñanza y b), es expresión de la costumbre generalizada entre administradores y profesores a dirigir empíricamente las prácticas en el aula.

(Continuará: el programa académico, algo más que plan de estudios) 

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