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OTRA EXPLICACIÓN DE LO MISMOAlejandro Solís Cuando una fuerza de control ha sido desbordada por las masas perdiendo su credibilidad y efectividad, la ciencia política recomienda que el grupo de control de la población realice acciones tácticas para volver a recuperar el dominio perdido, o disminuido. Una de las tácticas predilectas del estado moderno es retraer a la organización desgastada e impulsar la presencia ficticia de otras agrupaciones; otro recurso empleado es infiltrar en otras organizaciones a personajes del organismo en crisis. Una tercera táctica recomendable es crear nuevas agrupaciones e instalarlas en el teatro de lucha política. En México, a raíz del desgaste del viejo PRI como mecanismo de control de las masas en la época de desarrollo del estado nacional y cuya cúspide la representa el genocidio del 68, hay n cambio de políticas para continuar con lo mismo: en lo económico, el plan de desarrollo apuntala los intereses del neoliberalismo y en control estatal, el intensivo financiamiento para la incorporación al sistema de la generación contestataria ocuparán gran parte del presupuesto estatal y de los programas de trabajo del grupo de control. Nacen nuevas agrupaciones políticas, algunas de coyuntura como el PMT y el PSUM, en cuya génesis encuentra raíz en el PC clandestino. Otras de por si existentes, como el PAN son impulsadas a fin de fortalecer una democracia moderna afín a la necesidad de expresión de nuevos sectores de la población y del concierto internacional de las naciones. Quien no se declare democrático y/o de centro, es tildado de extremista –sea de derecha o de izquierda-. En lo que toca al control de las fuerzas de “izquierda”, la infiltración de personajes del viejo PRI en el aparato partidista heredero de la izquierda mexicana, el PRD, empieza fuertemente con la temprana incorporación de jóvenes priistas incomprendidos por los dinosaurios: Fernando González Pedrero, Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador son unos de tantos de esos muchachos progresistas destacados en las filas de otros partidos afines al estado hegemónico. Papá González crea la franquicia del Partido Verde, Dante Delgado, gobernador y funcionario del PRI hace Convergencia, Alberto Anaya, quien desde sus juveniles actividades en la Colonia Tierra y Libertad de Monterrey se identifica con los programa de Solidaridad para refaccionar colonias creadas en tierras invadidas; Montiel, Navarrete, Payán, Ifigenia, Solís, Ebrardt; el papá de Amalia García… en menos que canta un gallito los progresistas del viejo PRI se posesionan del PRD. De las filas progresistas de finales del siglo XX, de igual manera sale los Salinas. Creadores del “Movimiento de Masas” de perfil maoísta, impulsaron soluciones populistas para las demandas de condiciones de vida de los trabajadores del campo y la ciudad. A ocho años de inyección del panismo, como alternativa de poder, y a 24 años de ejercicios democráticos burgueses, la oligarquía se prepara para devolver al PRI el poder formal. A esta táctica estratégica, obedecen los ajustes al panismo en todo el país, y la crisis partidista inducida al PRD, a fin de bajar el peso político de las huestes que representan, pues, sin dudas, aun en planos de concentración tan intensa del poder, se dan diferencias importantes, por una razón: sin bien para el grupo de poder real, el juego electorero es importante para enmascarar la naturaleza verdadera de la línea política (sin dudas, 150 años de democracia internacional, evidencian la importancia histórica para el capitalismo de su mejor mascarada), en los linderos propiamente de la política, la posesión nominal de los puestos de gobierno implica la oportunidad de colocar, así sea de modo pasajero y condicionado a resultados, a los cuadros de cada grupo constituido. De allí el hecho de la riqueza de los grupos políticos, sin bien a menudo en niveles de escándalo como pasó con la familia Fox-Sahagún, palidezca por los cúmulos de riqueza captada por la banca, el gran comercio, la industria manufacturera y la extractiva. La rebatinga por el control de los contratos de compra y venta al estado, de los recursos de los programas de gobierno, por los recursos mal habidos del influyentismo, por los salarios de la pesada nómina burocrática nacional, son un bocado apetitoso para cualquier partido. La participación electorera es un buen negocio. |
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